22 mayo, 2012
Cáctus
Tropezás la piedra frágil de agua,
y vas a rascarle al mar un poco de sal
para condimentar tu intrépido paso.
El canto de la sirena siempre te va a encantar
es ese dulce llamado del que sos esclavo
y aunque el barco esté anclado siempre querés agitarlo
Y en los dientes apretados del insomnio
sus espinas verdes se afilan, lastimándote
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