09 julio, 2012
Cárcel
Rondan martillos zumbando alrededor, entre millones de ojos que no observamos
y al caer aturde el estruendo de una condena que es curtiembre de crudo espanto
para el hijo que nunca quisiste parir, moldeado en tu vorágine de oscuro llanto.
Pero la rebeldía brota como una luz, se despeja la bruma, el mar vuelve,
y será limpio y calmo, con la furia de un viento años arremolinado,
para tus barrotes, ahora rotos, de carne podrida y plástico
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